sábado, 7 de febrero de 2015

VARIACIÓN SOBRE UN CUENTO EXISTENTE


 





Esta no es una historia normal,
sino al revés;
no tiene el título al principio,
sino al final.
En caso de quererlo saber,
todo el relato habrás de leer.



          Traspasé el umbral de la alacena para coger el tarro que mamá me había pedido. Fui directo al estante de la derecha, pero no, allí no había ningún tarro de ningún tipo, ni tan siquiera un estante.
          Desconcertado, pensé que mamá se había equivocado, ya que el estante estaba a la izquierda. Pero… la ventana –en realidad, un ventanuco que daba al patio- debía estar a la derecha. ¡Así lo recordaba yo al menos!
          Miré en derredor: los jamones colgados del techo, las ristras de cebollas colgadas del gancho de la pared; los pimientos, las patatas, las manzanas… apilados en cestos… Todo estaba en su sitio, pero al revés. Lo de la izquierda en la derecha y viceversa.
          Sentí el sudor que me caía por la cara y por todo el cuerpo, tenía las manos mojadas… Todo me daba vueltas. Creí que me iba a desmayar, pero no llegué a caerme. Se me pasó cuando me di cuenta de que debía de estar soñando. Pensando esto, ya me quedé más tranquila. Abrí la boca y pregunté en voz alta:
¿Dónde dices que está el tarro, mamá?
Pero mamá no contestó.
Mamá, ¿dónde está el tarro?
Seguía sin responderme. ¿Por qué no me contestaba? Si mamá contesta siempre. Quizá había salido al patio a tender la ropa…
Esperé un rato. Seguía observando los enseres allí guardados: la balanza con su juego de pesas, los cuchillos de la matanza, la embuchadora,…
Y otra vez los jamones y las cebollas; todo en su sitio, pero al revés.
No pudiendo aguantar más, me dirigí a la puerta. ¡Bum! Me di un gran golpe en la frente. Miré la puerta: estaba abierta, pero había una superficie dura y transparente
Cubriendo el vano de la puerta. Miré a través de ella. Allí estaba mamá.
   Mamá, quita este cristal, que quiero salir.
Pero mamá seguía trajinando como si no me hubiera oído, absorta.  Volví a llamarla, esta vez a gritos:
   ¡Mamá! ¡Mamá!
Me eché para atrás y levanté la rodilla hacia delante. Mi pierna se balanceó y al instante traspasé la superficie sintiéndome a salvo en la cocina.


Y hasta aquí llega el relato de ese día que, sin saber cómo, pasé
A TRAVÉS DEL ESPEJO Y LO QUE ALLÍ ME ENCONTRÉ.

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