domingo, 8 de febrero de 2015

A TRAVÉS DEL ESPEJO Y LO QUE ALLÍ ME ENCONTRÉ- VERSIÓN CON DOBLE LECTURA



En casa de mi abuela había una alacena junto a la cocina, con un ventanuco que daba a un patio. Siempre pensé que era un mundo mágico, donde la realidad y la ficción se confundían. Para mí, entrar allí era traspasar la frontera de la realidad y adentrarme en un mundo diferente, algo así como cuando Alicia pasó a través del espejo. Pero ¿cuál es la realidad? ¿Lo del otro lado? ¿Y por qué no lo de este?


Esta no es una historia normal,
tiene el título al principio y al final.
Se puede leer al derecho y del revés,
por trozos de colores.


Este es el relato de ese día que, sin saber cómo, pasé
A TRAVÉS DEL ESPEJO Y LO QUE ALLÍ ME ENCONTRÉ.

Traspasé el umbral de la alacena buscando dónde esconder el tarro de mermelada que me había dado mamá.
Fui directo al estante de la derecha, pero no, allí no había ningún estante. Desconcertado, pensé que me había equivocado, ya que el estante estaba a la izquierda. Pero… la ventana –en realidad, un ventanuco que daba al patio- debía estar a la derecha. ¡Así lo recordaba yo al menos! Me di media vuelta con el tarro en las manos.
   ¡Mamá! ¡Mamá!
Miré en derredor: los jamones colgados del techo; las ristras de cebollas, del gancho de la pared; los pimientos, las patatas, las manzanas… apilados en cestos… Todo estaba en su sitio, pero al revés. Lo de la izquierda en la derecha y viceversa.
Sentí el sudor que me caía por la cara y por todo el cuerpo, tenía las manos mojadas… Todo me daba vueltas. Creí que me iba a desmayar, pero no llegué a caerme. Se me pasó cuando me di cuenta de que debía de estar soñando. Pensando esto, ya me quedé más tranquilo. Abrí la boca y dije, casi gritando:
   ¿Dónde estás, mamá?
Pero mamá no contestó.
La llamé a gritos:
   Mamá, ¿dónde estás?
Seguía sin responderme... ¿Por qué no me contestaba? ¡Si mamá contesta siempre...! Quizá había salido al patio a tender la ropa…
Esperé un rato. Observé los enseres allí guardados: la balanza con su juego de pesas, los cuchillos de la matanza, la embuchadora,… Los jamones y las cebollas; todo en su sitio, pero al revés.
Y mamá que no contestaba…
No pudiendo aguantar más, me dirigí a la puerta. ¡Bum! Me di un golpe en la frente. Miré la puerta: estaba abierta, pero había una superficie dura y transparente cubriendo el vano. Miré a través de ella. Allí estaba mamá.
   Mamá, quita este cristal, que quiero salir.
Mamá seguía trajinando como si no se hubiera enterado, absorta.  La llamé a gritos:
   ¡Mamá! ¡Mamá!
Con mi tarro de mermelada en las manos, me eché para atrás y levanté la rodilla hacia delante. Mi pierna se balanceó y al instante traspasé la superficie sintiéndome libre.


Este es el relato de ese día que, sin saber cómo, pasé
A TRAVÉS DEL ESPEJO Y LO QUE ALLÍ ME ENCONTRÉ.
            

No hay comentarios:

Publicar un comentario