miércoles, 30 de julio de 2014

EN LA TERRAZA LITERARIA





Levanto la mano y, César, el camarero, acude a mí. Pido mi café y croissant. Casi sin darme cuenta, empiezo a cuchichear con mi amiga Esthertxu. Resulta que un chico pasea por la otra acera: camina despacio, sin pisar las baldosas de color rojo, y al llegar a la otra esquina, da la vuelta para enfilar nuevamente la misma acera.
Alguien en la mesa de al lado levanta la mano llamando al camarero. Tras un breve diálogo, se levanta y eleva la voz:
- Pero… ¿Cómo? ¿Qué no hay casera? ¡Pues nos vamos!

Y extiende la mano hacia la recua de personajes literarios que han ido poblando las mesas de esta terraza literaria. Y todos a una se levantan y se van, dejando al camarero sin saber ni qué hacer con la bandeja que porta sobre su mano izquierda, mientras con la derecha se rasca la ceja pensativamente.