domingo, 8 de marzo de 2015

EN CASA DE DOÑA MARÍA






Doña María deja su costura sobre la mesa, al lado de su caja metálica de galletas, y se pone en pie para ir a buscar a Rosario, que había entrado muy jovencita a servir en su casa.

—¡ROSARIOOOO! —grita—. Es menester que te acerques a Casa Pepa a recoger el encargo, que anda Eustaquio que necesita las bombillas para poner la iluminación del belén.

Pero Rosario, sorda como una tapia, no la oye, por lo que doña María manda a una de sus nietas, hija de su tercer hijo, que vive en Bilbao, en su busca. La niña sube al primer piso donde la mujer se halla haciendo camas.

—¡ROSARIOOOO! — grita la chiquilla. —¡QUE DICE LA ABUELA QUE VAYAS!

¿Qué diseh, niña?—. El tono de la mujer denota a las claras que está verdaderamente sorda y, aunque no grita, su voz sobresalta a un par de gatos que yacen al sol en la galería.

—¡QUE BAJES, QUE TE LLAMA LA ABUELA!

** ** **


¿Qué querrá la señora? Anda que con er día que llevo… ¡Pero cómo han puesto esto loh chiquilloh! Me pazaré toda la mañana ordenando loh dormitorioh. Voy a ver qué quiere.


La mujer deja la almohada que acaba de mullir y con paso cansino y carnes oscilantes se dirige a la escalera, que comienza a bajar agarrándose al pasamanos.

Zeñora, que zi quié le doy la comía a loh chiquilloh. Pero tengo todavía lah camah sin hasé. ¡Ay, doña María! ¡Oy, oy, oy, qué dezorden hay en el pizo de arriba! ¡Digo! ¡Que han eztado loz chiquilloz jugando con lah almohadah de todah lah camah, haciendo caminoh en el zuelo, todah lah almohadah por el zuelo. ¡Oy, oy, oy, qué dezorden! ¡Qué dezorden! He empesao a cambiar lah zábanah. Doloreh me dise que lah deje zin cambiá, pero vamoh, que yo creo que ezo no ze puede hasé. Zeñora, el Uztaquio que fartan también lah pantallah de lah lámparah, y Remedioh, qué qué pone pa´comé.

Doña María se levanta y se dirige a la cocina a dar a la cocinera las órdenes precisas: tiene en casa a todos sus hijos y sus nietos. A continuación, va en busca de Dolores: será ella quien recoja las bombillas en Casa Pepa y, de paso, traiga dos cajas de yogures. ¡Bastante tiene Rosario con cambiar las sábanas de todas las camas y fregar el piso!


No hay comentarios:

Publicar un comentario