Natalia selecciona un
CD de música marchosa, lo introduce en el abertura del aparato, que lo succiona
suavemente. Al momento se oye la voz de
Enrique Iglesias inundando toda la pieza. Abre la puerta del armario de la
limpieza, saca la aspiradora, enchufa el electrodoméstico y comienza su sesión
de baile agarrada al tubo del aspirador,
que se desliza en silencio por el parqué.
—Cof , cof, cof… ¡Ay, Natalia! ¡Hija, qué energía! —gruñe la aspiradora.
—No te quejes, Letizzia, que no es para tanto, y acelera que no tengo todo el día
—replica la joven.
—Pero si ya limpiamos ayer, hija, y no has
estado en todo el día en casa. ¿Qué hay que limpiar?
—Hoy vienen papá y mamá a cenar y ya sabes cómo
es mamá.
—¡Vaya si lo sé! La estirada de tu madre… —Letizzia mueve su gordo trasero color
naranja. No soporta a su antigua dueña. —¡Menos mal que se cansó de mí!
—Sí, mamá va a mirar todos los rincones a ver si
está todo limpio. Por eso tiene que estar la casa impecable —la convence
Natalia. —Bailandooo, bailando. Quiero bailar contigo, vivir contigo, tener
contigo una noche loca y besar tu boca… Oooo Oooooo… —imposta la voz
Natalia a la vez que mueve el tubo de la aspiradora.
—Cof, cof, cof, cof… —Letizzia no aguanta ese ritmo tan frenético. —Para, para un poco,
chica, que me estás ahogando…
—¡No, si va a tener razón mamá! —exclama
Natalia. —Ya estás vieja, Letizzia.
Así me lo dijo el otro día al pasar por delante de la tienda de
electrodomésticos. Se para ante el escaparate y me dice “Hija, deberías ir
pensando en cambiar de aspirador. ¡Mira qué
modelo tan coqueto!” Y yo le contesté que no, que todavía íbamos a
bailar mucho juntas…
—¡Ay, Natalia! Es que voy a cumplir ya veinte
años… Vieja no, pero cansada empiezo a estar. Yo, que era un modelo exclusivo
italiano hace veinte años… Natalia, no quiero que me jubiles todavía. ¿Qué
haría yo entonces? ¿Qué tal si me deslizas a ritmo de valls? Yo te enseño.
Verás: das un paso con el pie derecho…

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